Polirumbo
October 23, 2025
Autor: Hugo Hermosa Lombeida
Vivimos momentos decisivos. La estabilidad de Ecuador se ve desafiada simultáneamente desde frentes internos y externos que buscan generar una percepción de crisis. Sin embargo, un análisis sereno de los hechos revela una realidad distinta: la de un Gobierno que ejerce su autoridad con firmeza, que defiende la soberanía nacional y que se mantiene anclado en la legalidad y el diálogo.

En el frente interno, el país observa dos escenarios paralelos. Por un lado, hemos visto el fin oficial del paro nacional convocado por la CONAIE. Esta decisión, anclada en la responsabilidad, abre la puerta para que las demandas sociales se procesen a través de los canales institucionales. Sin embargo, grupos disidentes minoritarios en Imbabura, como la Unorcac, persisten en acciones de fuerza, manteniendo bloqueos que afectan la vida de los ciudadanos.
Ante esto, la respuesta del Ejecutivo ha sido clara y doble: firmeza y reactivación. El “Operativo Imbabura” busca garantizar el derecho a la libre circulación y restablecer la normalidad. En paralelo, se anuncian planes de inversión de 50 millones de dólares para la reactivación económica de las zonas afectadas. El mensaje es contundente: el orden es condición indispensable para el progreso.
A esta tensión social se suma una estrategia política evidente. La oposición fragmentada, desde diversas orillas, impulsa una campaña por el “NO” en la próxima consulta sobre la Asamblea Constituyente. Su objetivo parece ser menos un debate de ideas y más un intento de erosionar la legitimidad del Gobierno, presentándolo como débil y apostando por la desestabilización en lugar de la reforma.
Externamente, Ecuador enfrenta una narrativa perjudicial. Declaraciones como las del presidente colombiano Gustavo Petro, sugiriendo que “la cocaína se está yendo por Manta” , coinciden con una intensificación de las operaciones antidrogas de Estados Unidos en la región, enfocadas en Venezuela. Estas dinámicas colocan a nuestro país en el centro de una compleja tensión geopolítica.
Frente a quienes intentan posicionar a Ecuador como una ruta facilitadora, los hechos hablan por sí solos. La verdad es que el país es un líder global en la lucha contra el narcotráfico. Los éxitos del Gobierno son rotundos y reconocidos internacionalmente: Ecuador ostenta un récord histórico de incautaciones, situándose como el tercer país del mundo en decomisos.
Esta capacidad no es casual. Es el resultado de una cooperación internacional robusta y activa, que incluye acuerdos de intercambio de información con Europol y el apoyo de aliados estratégicos como Israel en inteligencia portuaria. Las operaciones conjuntas, como las realizadas con la Guardia Costera de EE.UU. que resultaron en la captura de toneladas de droga, demuestran un compromiso soberano e inclaudicable contra el crimen organizado.
En este contexto, la desinformación opera como un arma más. Circulan campañas de “propaganda negra” y noticias falsas diseñadas para confundir a la población y socavar la confianza en las instituciones. Es aquí donde la postura del Ejecutivo cobra mayor relevancia. El Gobierno no solo contrarresta la desinformación con hechos, sino que también se posiciona del lado de los valores democráticos en la región. El reconocimiento a figuras como María Corina Machado no es un gesto aislado, sino una declaración de principios: Ecuador se alinea con las voces valientes que defienden la libertad frente a modelos totalitarios.
Ecuador navega en aguas complejas, pero lo hace con un timón firme. Frente a los bloqueos ilegales, se responde con la primacía de la ley. Frente a la desestabilización política, se responde con gestión y resultados. Y frente a las amenazas del narcotráfico, Ecuador no se doblega: lidera la lucha con soberanía y cooperación. Ese es el camino elegido para garantizar la paz y el futuro del país.